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jun. 4, 2021

“Ain, tzvei, drei,"

by Temmi Hadar

Normalmente llego tarde.

No vergonzosamente tarde, ni tarde como para perder un avión, sólo unos minutos tarde.

Y todos los viernes, literalmente, no importa a qué hora sea el encendido de las velas, llego tarde.

Puedo tener todo organizado el viernes, relajarme y encontrarme con una amiga a tomar un café a las dos de la tarde. Me felicito en silencio por tener todo listo para Shabat. Pero llegando al momento de encendido de velas, 20 minutos antes y no podemos encontrar el cepillo para el cabello, a alguien le faltan los zapatos o nadie sabe dónde está el temporizador para la plancha de Shabat. Y de repente Shabat comienza en tan solo dos minutos y no estamos listos.

Una amiga me dijo recientemente que le gusta encender las velas unos minutos antes, para agregar minutos de Shabat a la semana.

Escuché las palabras que estaba diciendo, pero las sentí lejanas, poco sentido tenían para mí.

Algún día llegaré allí, pero primero necesito poder encender las velas a tiempo sin sentir que acabo de correr una maratón.

Llego sin aliento y agotada hasta el lugarcito especial que tenemos en casa para encender nuestras velas de Shabat, pero son mis tres minutos favoritos de la semana. Mis hijos están recién bañados, con el pelo brillante cepillado y hermosas ropas de Shabat (con o sin el zapato que falta), mi mesa está puesta y la casa huele a jalá, sopa de pollo y pastel.

Enciendo una cerilla y mi hija mayor va primero, sosteniendo mis dedos mientras apoyamos la llama sobre la vela. Mi hija menor espera pacientemente su turno y luego ella también toma mi mano mientras enciendo suavemente su vela.

Enciendo las dos velas en la parte superior de los candelabros de plata, brillando a la luz rosada del atardecer africano que entra por mi ventana. Y luego más velas, una para cada uno de mis hijos. Mis hijos miran como, una por una, se enciende cada vela.

"Ain, tzvei, drei"

Mis hijos cuentan hasta tres en yiddish conmigo, mientras agitamos nuestras manos sobre las llamas, mis niñas y mis dos niños pequeños, todas nuestras manos crean sombras en las paredes con la luz de las velas.

Me tapo los ojos y digo la bendición en voz alta con ellos.

"Baruj atá ..."

Pedimos por la reconstrucción del Templo en Jerusalén y pronunciamos los nombres de aquellos que necesitan una cura, mis hijos repiten cuidadosamente los nombres hebreos después de mí.

Y luego nos quedamos en silencio, cada uno de nosotros rezando a Di-s detrás de nuestros dedos.

Rezo por la paz en nuestro hogar, por la alegría, por la salud, por la claridad, por la cordura.

He terminado.

Me destapo los ojos.

Mi hija está a mi lado, sus ojos cerrados con fuerza, cubiertos por sus delicados dedos.

Escucho sus susurros.

Por favor, Hashem, haz que esta se case, por favor permite que esta tenga un bebé…

Ella está diciendo los nombres de amigos y familiares necesitados.

Su total sinceridad hace que se me llenen los ojos de lágrimas.

Termina y nos abrazamos todos.

“Abrazo grupal”, decimos, mientras nos reímos y besamos en las mejillas, deseando a cada uno un buen Shabat.

No siempre siento la espiritualidad del momento.

Pero ese día, encendiendo las velas, mi hija nos lo hizo sentir.


Temmi Hadar

Temmi Hadar was born and raised in Seattle in a family of 10, Temmi Hadar is currently living in Joburg trying to stay sane and spiritual as a wife, mother, teacher, rebbetzin and human.

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